No se trata del título de la próxima novela de Dan Brown, al cual tantos réditos le ha proporcionado la Iglesia, sino de lo que hay actualmente en el Gobierno según el Arzobispo de Toledo.
Esto socava el derecho constitucional de los creyentes a recibir la formación moral y religiosa, según el artículo 27, que esté de acuerdo con sus convicciones, así como (añade el Arzobispo) la libertad ideológica, aunque nadie ha hablado de dejar de ofrecer Religión a los alumnos que deseen cursarla.
Que extraño, quizás la Constitución debería establecer que nadie puede recibir información, por cualquier medio, que menoscabe sus creencias. Si es así, quiero que me quiten el Tomate, y sucedáneos, ya que su presencia en el mundo me causa sarpullidos.
Todo va envuelto de un halo de conspiración y autoritarismo orwelliano que nos hará a todos más promiscuos por saber como funciona lo que tenemos entre las piernas, ya que, según ellos, no es neutral aunque, cómo todos sabemos, la Humanidad se extinguiría sin saber usarlo.
De paso, arremete contra la Conferencia de Pekín de 1995 (sobre la relación hombre-mujer, la mujer y, por ende, el machismo), tilda el aborto de "machista" y nos describe ese futuro tiránico, repleto de profesionales sanitarios cualificados en las escuelas, que parte del supuesto de que una educación sexual, la mejora del acceso a métodos anticonceptivos y la disponibilidad de programas y servicios de salud sexual es el modo más efectivo de prevenir las ETS, los embarazos no deseados y los abortos.
Lo que le molesta al Arzobispo es que el Gobierno no vaya a las claras, porque ellos se sienten excluidos de la educación sexual y volverán a suspender, repitiendo en Septiembre.